El tenis varonil está viviendo una etapa de transición. Atrás han quedado los años de dominio de un puñado de jugadores legendarios que marcaron una época, dejando un legado que, en mi opinión, será imposible de replicar. Este momento de cambio ha sido propiciado por el adiós de Roger Federer, Rafa Nadal y también de Andy Murray, un trío de tenistas que, junto al todavía activo Novak Djokovic, tuvieron en sus manos el circuito de la ATP por años y años.
Con ellos en el retiro, y con el serbio lejos de aquella figura imponente que todavía no hace mucho tiempo era el número uno, las cosas hoy son muy distintas. Nos encontramos en una etapa muy diferente, aunque no por ello de bajo nivel de juego, como muchas personas afirman, criticando en cada momento a los actuales jugadores que se encuentran regularmente preclasificados entre los principales de los torneos que se disputan semana tras semana.
Es cierto que lo que vivimos desde principios del siglo con la irrupción de Federer hasta lo hecho por Djokovic fue espectacular, y algo que nunca imaginamos posible, tener en la misma época a los tres mejores de todos los tiempos; tenistas que ganaron continuamente los torneos de mayor relevancia, dejando muy atrás la marca de 14 Grand Slams conseguida por Pete Sampras, que parecía imposible de superar.
A lo hecho por eso trío de superatletas se sumó lo realizado por Murray, que, aunque, cierto, no alcanzó el nivel de sus grandes oponentes, sí logró ganar tres Grand Slams, un par de medallas de oro, catorce Masters 1000 y el torneo de maestros de final de temporada en una ocasión, además de haber llegado a ser número uno del ranking de la ATP en la misma época que Federer, Nadal y Djokovic.
Los cuatro nos acostumbraron a ese control total del circuito y pocos fueron los que lograron ponerse en su camino en aquellos años. Es por ello que, ante los recientes resultados y a que los actuales tenistas top no tienen la misma constancia del llamado Big Four, aparecen los comentarios acerca del pobre nivel del tenis varonil en la actualidad, pero eso no lo comparto, hoy podemos disfrutar de grandes tenistas, el hecho de que por el momento ninguno ha alcanzado ese dominio no significa que las cosas estén mal.
Lo ocurrido en los dos primeros Masters 1000 dejan en claro que el campo está abierto y que, a diferencia de hace algunas temporadas, es más difícil hacer predicciones.
En Indian Wells y en Miami ganaron Jack Draper y Jakub Mensik, jugadores que nunca habían conseguido una victoria tan importante en su corta carrera. Tenemos que aprender a vivir con esta nueva realidad. Una que, por cierto, es muy alentadora, con Jannik Sinner y Carlos Alcaraz como extraordinarios estandartes de la nueva generación, con un grupo de adolescentes que empujan fuerte, y con la vieja escuela, encabezada todavía por Djokovic. Claro que se extrañan esos años mágicos, cuando los mejores de todos los tiempos nos maravillaban, pero el tenis actual se encuentra en buenas manos.